Los presos políticos fueron liberados, los líderes opositores regresaron a Portugal y se inició un proceso que trae consigo la independencia de las colonias portuguesas, la libertad política e importantes nacionalizaciones. Unas vendedoras de flores repartieron sus claveles entre las tropas democráticas, lo que le dio la imagen poética y libertadora a la jornada cuando los militares pusieron sus claveles en los fusiles.
Sin embargo, no se produjo el el cambio revolucionario que muchos esperaban en Portugal, las fuerzas de izquierda más moderada ganaron la partida electoral y los militares más favorables a continuar la revolución hacia el socialismo se replegaron, respetando la decisión mayoritaria del pueblo portugués, evitando un conflicto mayor.